The Esclavos del Narco series from Animal Politico is all pretty powerful, and helps to bring out the extent to which drug violence has spilled over beyond cartels to really affect society as a whole. While the reality of narco impressment has been become increasingly apparent–the San Fernando massacre seems to have been a case of forced recruitment turned brutal–this particular article certainly raises the very troubling question of how many of the dead cartel members lined up like trophies by the government were in fact willing participants.

Perhaps more intriguing, and a problem that will linger long after the current violence subsides, is the “cartelization” of low level crime and the changing moral economy of crime and violence in poor neighborhoods. As one unnamed interviewee comments toward the end of the report:

“En ese entonces [los noventa] ser parte de la pandilla era todavía un juego, era cuestión de decir: ‘somos los locos, somos los malos’, ésa era nuestra razón”. Eran tiempos en que se dedicaban, reconoce, al robo menor, confinados, como estaban, al desempleo permanente.

“Y entonces –narra–, a finales de los 90 se empieza a manejar el asunto de los Equipos, los grupos del crimen organizado que se mueven en los barrios, que son una cosa distinta a la pandilla, definitivamente.

–¿Por qué dices que Equipo y pandilla son cosas distintas? –se le pregunta.

–La pandilla surge del núcleo familiar –explica M.–, surge del barrio, donde mi abuelita conoce a la abuelita de mi homie, y siempre va a haber un código de honor que te hace decir: ‘güey, espérate, es la jefita, es el barrio, son los niños, es la mujer, y son cosas que siempre tienes que respetar’; pero cuando llega el Equipo, el grupo criminal, se rompe con todo eso y lo único que vale es el dinero… Y opera así: te mando a un estado, te instalo en un hotel, te asigno una comunidad y, a través del vicio, de la droga, empiezas a conectar a la banda, empiezas a identificar quiénes son los locos del barrio, siempre mostrándote como un referente positivo: voy bien vestido, traigo una buena camioneta; entonces te ubico, veo si andas jodido y te digo: ‘¿Andas jodido, güey? Yo te enseño cómo le podemos hacer’, y después de eso te digo: ‘jálate a ese güey, jálate a ese otro’, y empieza a llegar la chula, la feria, el dinero fácil… y empieza a llegar buen material, buena droga, y eso siempre va a retumbar en los oídos de la pandilla, ¡siempre! Entonces, las pandillas iniciamos con una ideología que te mantenía dentro, con ciertos valores, con conceptos que por más que le muevan nunca iban a desaparecer, como el carnalismo, como la lealtad, como el respeto, pero cuando llegaron esos güeyes, los Equipos, todo valió verga.

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